Todo lo que emprendemos, sin excepción, lo hacemos con una última finalidad: ser felices. La busqueda de la felicidad, de la plenitud, es el objetivo final de cada uno de nuestros movimientos, de cada palabra, de cada ilusión.
Todo lo que emprendemos, sin excepción, lo hacemos con una última finalidad: ser felices. La busqueda de la felicidad, de la plenitud, es el objetivo final de cada uno de nuestros movimientos, de cada palabra, de cada ilusión.
Equivocarse no es malo, lo malo es no reconocerlo. La decepción es una alternativa cobarde. Aprendamos de nuestros errores para no volver a cometerlos y no culpemos a los demás de ellos.
La vida a menudo se convierte en un círculo vicioso. Para romperlo, es necesario empezar a plantearse una serie de preguntas. La primera, más difícil y trascendente se plantea en este post.